La ley está con los cristianos, la Buena Batalla es urgente
Por pho
  
Lunes, 03/05/2021
(Mauro Faverzani in Correspondencia Romana, 20 de abril de 2021)

Desafortunadamente, raramente sucede. Pero sucede. En poco tiempo, dos sentencias han devuelto el derecho de ciudadanía a los católicos y a aquello en lo que creen.

La primera fue emitida la semana pasada por un tribunal británico, que dijo algo muy simple, aunque violentamente hostigado por los politically correct: los cristianos pueden definir tranquilamente en público a la práctica homosexual como un pecado y proclamarlo en alta voz. Es su derecho, tanto desde el punto de vista de la libertad de pensamiento, palabra y expresión, como también porque es lo que afirma la Santa Biblia, su texto de referencia fundamental. El juez, a propósito de ello, condenó al consejo comunal de Blackpool por haber censurado y discriminado a los cristianos a ese respecto. Que esto constituya una advertencia. Que también en Italia Alessandro Zan y sus compañeros lo acepten.

Segunda sentencia: en las últimas semanas el Tribunal Penal de Málaga condenó a la promotora de una “procesión” ferozmente blasfema, que tuvo lugar en 2013, a una multa de 2.700 euros por delitos contra la sensibilidad religiosa. Ese año, con ocasión de la “fiesta de la mujer”, la imputada llevó por las calles de la ciudad una representación del órgano reproductor femenino, arreglado como la Virgen, recitando una especie de “Credo”, aunque modificando el texto original de manera incalificable. Victoria, por tanto, para la Asociación de Abogados Cristianos, que presentó una denuncia y así puso el caso en conocimiento de la opinión pública, pero sobre todo una victoria del sentido común.

Se trata de dos importantes episodios, que representan una clara invitación a los cristianos a no esconderse, a no convertirse en víctimas de falsos temores y así, sin dudarlo, anuncien su fe e identidad con valentía, dignidad y sin vacilación. Por otra parte, hoy la izquierda está obsesionada con el discurso de la identidad, como se desprende claramente también de una reciente entrevista al semanario L'Express del escritor Édouard Louis, icono de la Izquierda radical francesa, fanático convencido de los Black Lives Matter, súper feminista, declarado homosexual y, como tal, anti-sexista y antihomofóbico:
Cualquiera que hable de luchas por la identidad no es de izquierda”, sentenció, sin abstenerse, sin embargo, de dirigir una dura crítica a la Izquierda marxista según él demasiado “conservadora” “La Izquierda fue paulatinamente abandonando a las clases trabajadoras”, afirmó, precisando que, en su opinión, se ha mantenido en parte “dentro de marcos de pensamiento de hace cincuenta años, sin hablar nunca de los nuevos temas”.

En realidad, la situación no parece tan escayolada, al menos a juzgar por las grandes maniobras que agitan el sotobosque de la política internacional: en España, por ejemplo, los desordenes habidos durante las manifestaciones promovidas por el partido de derecha Vox, según los investigadores deberían atribuirse a los cientos de militantes de ultraizquierda que se infiltraron en los mítines. Ahora la Policía también está investigando quién financia estos grupos y la formación de Unidos, que desde hace cinco años a Podemos, Izquierda Unida, Equo y otras siglas menores, para entender si el apoyo les llega siempre y solo de aportaciones voluntarias, enviado por la "base", ya de suyo no carente de alborotadores, o si también existen ayudas externas, individualizándose eventualmente su origen.

Sin duda es la extrema izquierda la que ha tomado el timón del radical independentismo catalán, lo que no es muy esperanzador para una campaña electoral, que promete estar bajo la bandera de la alta tensión de cara a la votación del 4 de mayo para elegir el gobierno de la Comunidad Autónoma de Madrid. La probabilidad de incidentes es altísima. Desafortunadamente, los propios líderes de izquierda, Pablo Iglesias al frente, a pesar de ser parte del ejecutivo, parece querer echar más leña al fuego y alentar los enfrentamientos, en lugar de, con sentido de responsabilidad, condenarlos e invitar a los grupos anarquistas a bajar el tono. La razón es simple y siniestra: están convencidos de que pueden sacar ventajas electorales de una situación de enfrentamientos sociales y disturbios en las calles, sin importarles lo que esto pueda suponer en términos de orden público y de víctimas potenciales.

También para contrarrestar, detener o quizás frenar estos focos revolucionarios, parece muy urgente que los católicos recuperen la conciencia de la fuerza de sus ideales y la eficacia de su doctrina social, sabiendo que tienen el derecho de su lado, a diferencia de sus facinerosos adversarios, pero sobre todo actuar con el único fin de instaurar ya desde ahora, con la Buena Batalla, el Reinado social de Cristo en la tierra.


Por pho