¿Quién como la Virgen María?
Por pho
  
Miercoles, 13/01/2021
¿Quién como la Virgen María?
El año 2021 comienza sombrío e imprevisible, dejando a las personas llenas de perplejidad. ¿Qué puede esperarse de los días venideros? Si el pasado reciente no es una promesa para el presente y el futuro próximo, ¿cómo orientarnos y ayudar al prójimo durante la confusión y las tinieblas? ¿Qué luz podrá ser orientadora para hacernos llegar a un puerto seguro?

La única luz verdadera brilló en un pesebre en Belén para comunicar certezas y convicciones profundas en este destierro y valle de lágrimas. Esa luz se consubstanció en la Santa Iglesia Católica Apostólica Romana, a la cual Dios prometió que las puertas del infierno no prevalecerían contra ella. Como institución divina, ella es nuestra brújula que señala siempre el Norte, aún cuando en medio de la obscuridad no podamos ver nada a nuestro alrededor.

El mundo pagano se contorcía en una agonía sin precedentes cuando la luz de Belén surgió en un escenario único y dividió la Historia en antes y después de Cristo. Las tinieblas entonces se fueron poco a poco disipando para dar lugar a la Cristiandad, en la cual reinaba el Rey de Judá, el Rey Inmortal, siempre guiando a los hombres proporcionándoles los medios posibles para alcanzar el puerto seguro.

Sin embargo, el “no serviré” de Lucifer se repitió en la Tierra para impedir que los hombres siguieran el camino de la verdad y tuvieran una verdadera vida, haciendo de esta Tierra de exilio una antecámara del Cielo. Y a semejanza de la rebelión en el Cielo, gran parte de los hombres dio las espaldas a Jesucristo, a la Iglesia, su cuerpo místico, para cavar su propia tumba.

Como malos mercaderes, los hombres caminan hoy perdidos y desamparados en las tinieblas cada vez más densas, entregados a su propia suerte. Y Dios se ríe de ellos.
Veamos. Acabamos de asistir apavorados a la aprobación del aborto en la vecina y católica Argentina. Más lejos, en el Extremo Oriente, Corea del Sur también lo legalizó, mientras las autoridades mundiales fingen que quieren salvar vidas durante la pandemia que se difunde.

Parece que la Historia se repite, pues mientras los Reyes iban a adorar al Niño Jesús en Belén, el sanguinario Herodes buscaba un medio de matarlo y para ello promovió la matanza de los inocentes. Aquí y ahora, el Estado laico introduce el asesinato de niños en el vientre materno. ¿Será que el justo Dios, Señor de los Ejércitos, asistirá a todo esto sin hacer justicia? Oportunamente trataré de esta pregunta en particular.

Alentados por las promesas de Nuestro Señor y sobretodo asistidos por gracias muy especiales, fieles del mundo entero que siguen las normas perennes de la única y verdadera Iglesia de Dios manifiestan una fe embebida de esperanza con relación al futuro de la Santa Iglesia.

Además, iluminados por la luz del Espíritu Santo, logran discernir bien la cizaña del trigo, lo que les permite hacer apostolado a nivel mundial por medio de la comunión de los santos y también por la facilitad y rapidez de las comunicaciones en nuestros días. Los mensajes de Nuestra Señora crecen a nuestros ojos. En Fátima, por ejemplo, nos fue asegurado el triunfo del Inmaculado Corazón de María.

En un ímpetu de entusiasmo, San Luis María Grignion de Montfort atraviesa el tiempo y el espacio cuando prevé los acontecimientos de nuestros días:

“¡Vuestra divina Ley es quebrantada! ¡Vuestro Evangelio ha sido despreciado y abandonada vuestra religión! Torrentes de iniquidad inundan toda la tierra y arrastran a tus mismos servidores. La tierra entera está desolada. La impiedad está sobre el trono; vuestro santuario es profanado y la abominación se halla hasta en el lugar santo.

“¿Vendrá todo, al fin, a ser como Sodoma y Gomorra? ¿Os callaréis siempre? ¡Y nosotros, grande Dios! Aunque haya tanta gloria, tanta dulzura y provecho en serviros, ¿casi nadie tomará vuestro partido? ¿Casi ningún soldado se alistará en vuestras filas? ¿Ningún San Miguel clamará, en el medio de sus hermanos, lleno de celo por vuestra gloria: Quis ut Deus?”

Seamos ardientes en luchar por la gloria de Dios, elevando nuestros corazones y nuestros ojos a Nuestra Señora, Madre de Dios y Madre nuestra, y roguemos a Ella, llena de prerrogativas, una de las cuales es la omnipotencia suplicante, es decir, todo lo que Ella pide a Dios es obtenido, que nos conceda la gracia de ser guardianes celosos de la Santa Iglesia de Dios y de su santa doctrina, hoy tan vilipendiadas.

Notas:

- Artículo escrito por el P. Padre David Francisquini. Original publicado en portugués en https://ipco.org.br/quem-como-a-virgem-maria/

- Ilustración: “Matanza de los Inocentes” (ordenada por Herodes), cuadro de Duccio Di Buoninsegna (1308), Museo dell’Opera del Duomo (Siena, Italia).


Por pho