¿Puede debilitarse el COVID-19?
Por buenapraxis
  
Jueves, 23/07/2020

Cuando los expertos aluden a que el coronavirus se puede estar debilitando no se agarran como argumento único a un descenso numérico de los contagios, sino al hecho de que los cuadros clínicos generados en los últimos brotes serían más leves que los registrados en los momentos más intensos de la pandemia.

Un defensor de esta tesis sería Juan Abarca, director de la red española de hospitales HM, que afirmaba el 19 de mayo: «¿Qué le sucede al virus? La realidad es que se ha atenuado, ya sea por el efecto de la radiación ultravioleta o por la existencia de cepas mutadas más benignas. Eso, que va más allá del efecto logrado por el confinamiento y otras medidas de salud pública, significa que el fin de la crisis de salud, afortunadamente, se acerca más rápido de lo esperado».

Por el momento, estas opiniones se basan en evidencias anecdóticas. Nuestro grupo de trabajo ha intentado confirmar o refutar la hipótesis del debilitamiento con las estadísticas publicadas hasta finales de junio y la baja calidad de los datos disponibles apunta tímidamente al debilitamiento, pero no presenta, desgraciadamente, evidencia concluyente.

El aparente debilitamiento del COVID-19 podría deberse a cualquiera de los motivos siguientes (o a la conjunción de varios de ellos):

El propio virus podría atenuarse
Podrían aparecer e imponerse cepas más leves. Por el momento, sabemos que el SARS-CoV-2 es relativamente estable, al menos mucho más que otros virus como el de la gripe, debido a que posee un mecanismo eficiente de control de las mutaciones.

Sin embargo, esto no quiere decir que no existan mutaciones. Se ha identificado ya una mutación que vuelve al virus más contagioso. Por otro lado, hace algunas semanas se anunció que se había aislado una cepa más leve en Brescia (Italia).

Además, debemos recordar que tanto el SARS como el MERS sufrieron mutaciones que los volvieron menos agresivos. Es clave continuar haciendo estudios de secuenciación que puedan confirmar qué evolución está experimentando el virus. Sin embargo, que el virus se atenúe no es la única causa posible.

Las condiciones ambientales cambian
Las condiciones ambientales están cambiando y estas condiciones tienen un impacto sobre la enfermedad. Se ha hablado mucho del posible impacto de la radiación UV o la temperatura, pero estas afirmaciones no están respaldadas por la evidencia, sino más bien en comparaciones extraídas del comportamiento de otros coronavirus.

Los enfermos cambian
Los primeros afectados por la epidemia tienden a ser los más débiles (en este caso, los ancianos). Una vez que la parte más débil de la población se ha visto afectada, la epidemia podría parecer debilitarse sólo porque la población restante es más fuerte.

Por otro lado, los más frágiles suelen mantener un mayor distanciamiento social y siguen las recomendaciones con mayor diligencia. Si tuviésemos datos sobre la demografía de los últimos brotes, podríamos estudiar si estos están afectando desproporcionadamente a jóvenes o si siguen siendo importantes los brotes en residencias, hospitales o asilos. Es razonable pensar que este sea un factor clave en la gravedad de los rebrotes que estamos experimentando.

Comprendemos mejor la enfermedad
Una mejor comprensión de la enfermedad y mejores tratamientos significarían que cada vez menos casos progresan hacia las etapas críticas de la enfermedad. Por ejemplo, sabemos que en las primeras etapas de la epidemia muchos casos no recibieron atención hospitalaria hasta que la enfermedad ya había progresado a una etapa crítica.

El distanciamiento reduce la gravedad de los casos
Por último, las medidas de distanciamiento podrían reducir no solo el número de contagios sino su gravedad. Este sería el caso si la intensidad de los síntomas depende de la carga viral y la carga viral está limitada por el distanciamiento social.

Un posible debilitamiento de los síntomas no cambia el hecho de que debamos seguir manteniendo el distanciamiento social y que las mascarillas o la higiene de manos se hayan convertido en una parte clave de nuestras rutinas. Es necesaria la investigación para clarificar el posible debilitamiento, pero es aún más urgente la publicación de los datos relacionados con la gravedad de los casos que van emergiendo en la epidemia: no sólo necesitamos datos actualizados y localizados de casos y muertes, sino también de hospitalizaciones o ingresos en las áreas de cuidados intensivos. Solo así podremos determinar con claridad nuestro próximo paso en la lucha contra la pandemia.


Autores:

◾ Sara Lumbreras: Profesora e investigadora en el Instituto de Investigación Tecnológica, Universidad Pontificia Comillas
◾ Joaquín Fernnández-Crehuet Navajas: Universidad de Málaga
◾ Oviedo Torro: Full Professor, Pontificia Università Antonianum

Publicado originalmente en The Conversation.


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