¿Por qué es tan importante cuidar el intestino?
Por buenapraxis
  
Jueves, 19/12/2019
El intestino es como la ovejita negra de los órganos, da vergüenza, pudor, por lo general se relaciona con ruidos raros, gases, evacuación y cuestiones escatológicas. No es cool hablar de estos temas, aunque sean compartidos absolutamente por todos los seres humanos; sin duda las cuestiones del intestino son absolutamente democráticas.

¿Sabías que el 80% del sistema inmunitario se aloja en el intestino; que este largo tubo mantiene una línea de comunicación directa con el cerebro; ¿que se renueva todo cada dos semanas, y que tiene un impacto muy significativo en el estado de ánimo y en la salud en general?

El intestino es considerado el 'segundo cerebro' porque tiene la capacidad de funcionar de manera independiente y, a su vez, en conexión directa con aquel. Ante la pregunta del cerebro: ¿cómo está todo mi cuerpo?, el intestino es su principal fuente, ya que se trata del órgano sensorial más grande que recoge información sobre la calidad de los nutrientes, sobre cómo están las células inmunes, o las hormonas de la sangre, y luego envía toda esa información al cerebro para que la vincule con nuestras emociones y pensamientos. El intestino es así el órgano estrella donde todo sucede para el buen funcionamiento del organismo y, por si fuera poco, juega un rol decisivo en el bienestar emocional.

Muchas veces se escucha la frase 'somos lo que comemos', o se insiste acerca de la importancia de llevar una alimentación sana y balanceada, de sumar más verduras, frutas, yogur con probióticos, semillas, etc.; pero poco se sabe acerca de las razones que subyacen en la recomendación de consumir estos alimentos, de qué manera conviene incorporarlos en función de las particularidades de cada organismo, y qué rol cumple cada uno en el buen funcionamiento del sistema digestivo, y cómo inciden en el estado de ánimo.

Asimismo, en ocasiones la pregunta es por qué cuando se ingieren determinados alimentos algunos son tolerados, otros no y se siente malestar; o por qué cuando se dejan de comer harinas cambia el humor; o por qué el estrés baja las defensas. Y acá aparece la gran caja negra que tiene la respuesta a todos estos interrogantes y es, nada más ni nada menos, que el intestino.

Si bien suele asociarse a este órgano con un rol poco glamoroso, y cuando se refiere a él la tendencia es relacionarlo con disfunciones y/o malestares físicos, en realidad desempeña funciones que son de vital importancia para la salud.

«El intestino es un órgano clave porque es una de las vías más importantes de comunicación entre el mundo exterior y nosotros», afirmó el biólogo e investigador del Conicet, Dr. Gabriel Vinderola.

¿Cómo nos comunica el intestino con el mundo exterior?
En primer lugar, puede decirse que el intestino, entre el delgado y el grueso, alcanza una longitud de ocho metros aproximadamente, y aunque esté todo enrollado alcanza el tamaño de una cancha de tenis. Si se lo pudiera ver con una lupa, se observaría que se parece a una toalla de algodón, y esos pelitos del algodón en el intestino se llaman microvellosidades. Allí se aloja la microbiota.

La microbiota intestinal (antes conocida como flora intestinal) está compuesta por cientos de millones de microorganismos y bacterias que se encuentran en el tracto intestinal, y allí conviven dos bandos. Por un lado, los 'soldados' del bando de los buenos y, por el otro el bando de los malos, que viven disputándose ese territorio: cada uno busca ocupar más espacio en el intestino.

Para que el intestino pueda funcionar correctamente, la microbiota debe estar en equilibrio, los microorganismos del bando de los buenos deben ser abundante y diversos. Pero lamentablemente en la vida cotidiana existen muchos hábitos que rompen ese equilibrio: mala alimentación, abuso del uso de antibióticos y de productos antisépticos, y estrés, entre otros.

Para que pueda restablecerse esa armonía es necesario incorporar más 'soldados' de los buenos, ellos son los probióticos, que están presenten en yogures y algunos quesos. Pero tambíen hay que incorporar fibras, a través de las frutas, verduras, cereales integrales, etc, porque las bacterias buenas (presentes en los probióticos) se alimentan de ellas y en ese proceso de digestión producen vitaminas, y ácidos grasos de cadena corta, como el ácido butírico.

«El ácido butírico es un compuesto antiinflamatorio y anticancerígeno que usan las células intestinales para renovarse, multiplicarse y mantener al intestino sano y desinflamado. A su vez, este ácido es utilizado por otras células para producir la serotonina, que es uno de los principales neurotransmisores encargados de comunicar al intestino con el cerebro, y es conocida como la 'hormona de la felicidad' ya que está relacionada con el bienestar, el comportamiento, la actividad sexual y el sueño», explicó Vinderola. Y agregó: «De ahí viene el dicho que reza que para estar bien de la cabeza hay que empezar por estar bien del intestino».

A veces, cuando alguien está angustiado o triste y le preguntan qué le pasa, no sabe qué contestar. Esto se debe a que el estado de ánimo no siempre depende de un factor externo, (una discusión con alguien o un día difícil en el trabajo), sino que es algo que se siente y no se logra explicar qué es. Muchas veces esa respuesta puede hallarse en el intestino: tal vez la persona esté atravesando un estado de disbiosis intestinal.

¿Qué significa esto? Se trata de una alteración de la microbiota que puede afectar la producción de serotonina y el sistema inmune y provocar inflamación, alergias, depresión, irritabilidad y falta de sueño, entre otros desequilibrios.

En síntesis, el intestino tiene múltiples funciones: «la digestión de alimentos, la absorción de nutrientes y, como si esto fuera poco, allí se aloja la microbiota intestinal, que activa y modula al sistema inmunológico para protegernos de infecciones, mantiene controlada la respuesta inflamatoria y produce sustancias que impactan de manera positiva en nuestro cerebro (la serotonina) y nos da estabilidad emocional y buen humor», puntualizó el Dr. Vinderola,

Y subrayó: «Pero para que el intestino cumpla con sus múltiples tareas, hay que cuidarlo, la mejor forma es incorporando alimentos fermentados, alimentos con probióticos, y fibras, aumentando el consumo de verduras, frutas, cereales integrales, avena, yogur con probióticos y frutas secas como así también evitar el consumo de antibióticos sin control, y no abusar de productos antisépticos».


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