Patrimonio de San Isidro en peligro, por Alberto N. Manfredi (h)
Por HistoriasCuriosas
  
Sábado, 10/02/2018
Con profunda preocupación observo como se demuele el casco histórico de San Isidro, el verdadero, el que hasta los años setenta se extendía desde las vías del Ferrocarril Mitre hasta las barrancas, sin que nadie haga nada. Acaban de derribar una casona maravillosa, en Alem esquina Acassuso, y otra en Chacabuco, entre Maipú y Alte. Brown, esta última de estilo colonial perteneciente a la conocida familia Villagra.


Alem, casi esquina Acassuso



Sobre la calle Alem estaba la fachada principal de la casona, así lucía antes de ser demolida



La misma fachada



Fachada lateral sobre la calle Acassuso. Se puede observar la esquina en ochava y, al final de la propiedad, la antigua caballeriza



Casa recientemente demolida en Chacabuco, entre Alte. Brown y Maipú, que en otros tiempos habitó la familia Villagra



El predio visto desde otro ángulo. ¿Será reemplazada por otro adefesio como el que se ve al lado?



Lo de Villagra, Chacabuco 670, antes de la piqueta



Casa contigua en Chacabuco y Maipú



La misma propiedad vista desde Maipú. ¿Correrá la misma suerte?


Así como se perdió el impresionante castillo de Martínez (Gral. Pacheco esquina Ricardo Gutiérrez), ahora están demoliendo o reformando la residencia de estilo italiano ubicada en Gutiérrez, a escasas dos cuadras del anterior.


Una pérdida irreparable. El célebre castillo de Martínez (Gral. Pacheco y Ricardo Gutiérrez)


Ni hablemos de lo que ocurrió con la casa de Cordiviola, sobre la calle España.


Fachada de la “Casa-Museo Luis A. Cordiviola” –ca. 1970–, España 531, Beccar (demolida). Archivo de Marcelo Luis A. Cordiviola



Detalle de la fachada de la “Casa-Museo Luis A. Cordiviola”. Archivo de Marcelo Luis A. Cordiviola


Hace varios años, cuando integraba la Comisión Asesora Honoraria del Patrimonio Urbano, Histórico y Arquitectónico de la Municipalidad de San Fernando, planteé el problema ante las autoridades de turno. Para justificar su desidia, la respuesta de aquellas era siempre la misma: “Nada se puede hacer”, “La legislación lo impide”. Incluso un obscuro funcionario llegó a sugerir que las demoliciones y la destrucción patrimonial eran parte del progreso, un proceso lógico que se da en todas partes del mundo.

Atónito ante la respuesta y el nivel de quien tenía a su cargo funciones de responsabilidad, pregunté cómo hacían en Europa, el norte de África, Asia y países de nuestro continente (México, Perú, Ecuador, Bolivia), para preservar intactos pueblos y zonas con cientos y hasta miles de años de antigüedad.

¿Cómo hacen los uruguayos para mantener esa maravilla que es Colonia del Sacramento que atrae a millones de turistas por año mientras aquí destrozamos todo?

Para bien de la humanidad, lugares como Roma, Florencia, Siena, Venecia, Pisa, París, Toledo, se han visto libres de personajes como aquel burócrata y administraciones como las que nos vienen gobernando desde 1983.

Las autoridades municipales se jactan de que San Isidro es un partido que preserva las tradiciones y su historia, esgrimiendo el slogan “San Isidro es distinto”, pero observan impávidas como se demuele el patrimonio cultural y arquitectónico, sin hacer nada.

También el Barrio Parque Aguirre está siendo víctima del desinterés y la desidia. Una zona residencial de casas de estilo Tudor y Normando de gran calidad, ya se encuentra invadida por varios bloques de cemento gris, sin gracia alguna, similares a las casas que se edifican en los “country”, que nada tiene que ver con el entorno.

Como Buenos Aires, como San Fernando y tantas localidades, San Isidro va quedando encajonado entre edificios de mala calidad y pésimo diseño, perdiendo aceleradamente su identidad y esa fisonomía que la habían convertido en uno de los sitios más atractivos de la provincia.

Se preocupan por unas islitas fangosas que son unos simples bancos de arena frente a nuestras costas, pero no les hace mella algo tan grave como la pérdida de nuestra identidad. San Isidro se está convirtiendo en un mosaico de edificaciones diversas, una contigua a otra, con construcciones de líneas burdas y carentes de gracia, en muchos casos, complejos de departamentos pegados a casas coloniales o de estilo definido, que, sin seguir ningún patrón, arruinan el panorama, una constante que se repite en nuestro país desde hace casi un siglo.


Colmenares como este se alzan donde no hace mucho destacaban señoriales casonas de estilo colonial



La “Quinta Obarrio” en venta



Otro amenazante cartel de venta en otra residencia de significativo pasado histórico



La calle Alte. Brown sobre la vereda sur ofrece este panorama



La misma arteria, vereda norte. Mezcla de estilos sin sentido, que arruinan el panorama



Una situación que se observa muy a menudo en San Isidro. Entre dos edificaciones de estilo semejante, una casa moderna que, para más, fue edificada fuera de línea. San Isidro se convierte rápidamente en un suburbio sin gracia, tedioso y poco atractivo



Una cuadra de la calle Acassuso al 600 que va perdiendo sus antiguas casonas, las dos últimas (lado derecho de la imagen) ya no existen, una constante en San Isidro desde 1983 ante la inexistencia de un programa proteccionista del panorama



Las dos casonas demolidas a principios de 2018



La desaparecida residencia de Mariano Espina (Acassuso 615), a su izquierda se puede observar un insulso chalet moderno que desentona con el conjunto de casas de estilo colonial que había en la empedrada cuadra



Dos sobrevivientes: En la primera propiedad (Acassuso 645, lado izquierdo de la imagen) funciona la tradicional Escribanía Rospide


Nota de la Redacción: Frente a la costa de San Isidro, en el Río de la Plata, desde el 2015 se están formando por sedimentación dos islas en la confluencia de los canales San Antonio y Luján. A principios de febrero de 2018, el intendente Gustavo Posse manifestó que va a declararlas reserva natural para mantener el ecosistema –lo cual es positivo– y evitar la especulación inmobiliaria, magnificando el hecho, como si se tratara de un logro propio, ni que fuera el relleno que se está colocando en la costa de Mónaco para ampliar el territorio del principado. La más grande de las “islas” aludidas tiene cinco hectáreas, cuando hay una sudestada o crecida, las islas en formación quedan quince centímetros bajo el agua… Al permitirse la destrucción del patrimonio arquitectónico y forestal de San Isidro, los desarrolladores inmobiliarios realizan sus construcciones amorfas que alteran la calidad de vida de los vecinos. ¡San Isidro ya no es tan distinto!
Foto de portada: Esquina de Alem y Acassuso

Comentarios de lectores: Mis felicitaciones al autor del trabajo. Añado que la casona de Alem y Acassuso fue del famoso médico Luis Mansone y posteriormente del agrimensor Repetto, cuyo archivo y el del agrimensor Arsenio Bergallo, su maestro, rescaté y forma parte del Museo Beccar Varela. Atentamente, Carlos Dellepiane Cálcena.


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